jueves, 12 de marzo de 2015

Reflexión "La promesa digital"


A principios de los 90 comenzó lo que se denominaría como la fiebre por los ordenadores.  Estos se comenzaron a ver como un elemento liberador que en gran parte estaría ligado con el movimiento hippie de los 70. Se veía la tecnología como una vía de escape, una vía diferente a las que hasta ese momento se disponía.  Se realizaron avances inimaginables en diversos campos en muy poco tiempo.

En cuanto al campo de la música se pasó de tener que desplazarte hasta el lugar en el que tu artista preferido actuase, a poder verlo desde tu casa en la pantalla de tu ordenador. Asimismo, desapareció la necesidad de tener que comprar el CD o el vinilo de tu grupo fetiche, ya que podías adquirir todas sus canciones de manera gratuita a través de la red. Por lo tanto, en el ámbito de la música el cambio a sido abismal, siendo este positivo para el consumidor pero negativo para el negocio musical.

Al mismo tiempo que la música, el cine también está sufriendo los cambios de la influencia de las nuevas tecnologías. Antiguamente, aquellas personas que querían ver una película tenían que acudir al cine del pueblo, ya que no había otro modo para verla. Con los años esa necesidad desapareció, ya que esas películas se podían ver en la red, de forma gratuita. Para hacer frente a ese cambió la industria del cine está constantemente en la búsqueda de novedades que los consumidores no puedan tener en sus casas y que les hagan acudir a las salas de cine, tales como las películas en 3D. Sin embargo, considero que teniendo en cuenta el progreso que están viviendo las nuevas tecnologías, llegara el momento en el que incluso en nuestros ordenadores podamos ver los filmes en 3 dimensiones.

A su vez, esas nuevas tecnologías fueron adquiriendo cada vez más importancia en el arte, ya que muchos artistas comenzaron a utilizarlas para hacer sus obras más visuales y llamativas. En este sentido, desde mi punto de vista considero esta influencia totalmente positiva, ya que esta nueva forma de hacer arte no ha eclipsado a las formas más clásicas. Cada artista tiene, en la actualidad, la opción de elegir qué tipo de arte hacer sin temer a que pueda ser ninguneado.

A pesar de todos estos avances que nos prometía la tecnología y que en gran parte se han cumplido, cabe destacar que existe también un gran agujero negro en todo este mundo tecnológico. Y ese gran agujero, según mi punto de vista, es la falta de privacidad. Esa falta de privacidad se debe en gran parte al Big Data. En ese sentido, es cierto que en muchas ocasiones somos nosotros los que compartimos nuestra privacidad y eso no es negativo, siempre que se por nuestra voluntad. Sin embargo, el imaginar que las grandes multinacionales están utilizando datos de nuestras vidas privadas, sin nuestro consentimiento, para después vendernos aquellos productos que saben que nos pueden interesar, me produce un tremendo malestar.



Asimismo, se habla cada vez con más fuerza de la inteligencia artificial, esa que puede llegar a controlar al ser humano. Por lo tanto, teniendo en cuenta esta última idea y la del Big Data, me planteo una pregunta: ¿Dónde están los límites de las nuevas tecnologías? ¿Quién establece esos límites? ¿Acaso tenemos algo que decir en ello?

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